La formación académica cobra mayor significado cuando el conocimiento adquirido en el aula se transforma en herramientas para enfrentar los retos del entorno profesional. Así lo comparte Bogar Emilio Cano González, estudiante de actuaría de octavo semestre, a través de su trabajo ADN actuarial: relatos de formación y práctica, elaborado como parte de la actividad curricular complementaria, bajo la asesoría de la maestra María Magdalena Casas Saucedo.
Lo que comenzó como una conversación casual con un amigo durante la preparatoria terminó por despertar su interés en una profesión que hasta entonces desconocía. Entre charlas sobre fútbol y matemáticas aplicadas al mundo financiero, descubrió una carrera que representaba el reto que el buscaba. Aunque los primeros semestres estuvieron marcados por la exigencia académica y en momentos en los que parecía difícil encontrar una aplicación práctica a los contenidos, con el paso del tiempo comprendió que ese proceso estaba formando la manera de pensar que hoy aplica en su vida profesional.
Durante su formación, Bogar realizó prácticas en MAPFRE México y actualmente forma parte de Lockton, experiencias que le permitieron conocer el funcionamiento del sector asegurador desde distintas perspectivas. A través de ellas descubrió que el trabajo del actuario va más allá de los cálculos: implica analizar información con responsabilidad y contribuir a que las personas y las organizaciones tomen decisiones con mayor certeza frente a la incertidumbre.
Con estos proyectos, la licenciatura en actuaría de La Salle Cuernavaca impulsa a los estudiantes a reflexionar sobre las experiencias que han definido su trayectoria, fortaleciendo una formación que combina el conocimiento técnico con una visión humana y un compromiso con el ejercicio responsable de la profesión.




